jueves, 1 de marzo de 2007

Casimiro Campos Espinoza, alias "El Cacho"

*.- "El mejor cueste lo que cueste"

*.- La Voz del Pueblo, lo dice


Oscar Treviño Jr.

Todas las autoridades policíacas estaban a su servicio. Tenía ojos y oídos esparcidos en toda la ciudad. Su apodo era pronunciado en voz baja. Todos sabían a qué se dedicaba...
LA INFANCIA
Era un niño no muy brillante en la escuela. Una vez fue golpeado por otro más grande y le quitó las canicas. Desde entonces tuvo una sola idea en la cabeza: ¡Ser el mejor de todos, cueste lo que cueste!
El bajo mundo de las drogas fue el trampolín necesario para su ascenso. Una y otra vez robó para tener dinero, comprar droga y distribuirla. Su imperio comenzaba a fraguarse lentamente.
A pesar de ser tartamudo de nacimiento, esto no fue obstáculo para sobresalir en el bajo mundo del hampa. El dinero hablaba por él. "El Cacho" fue conocido allende las fronteras.
Casimiro Espinoza Campos comenzó a ser famoso, luego de un homicidio cometido con todas las de la ley: a traición -relatan las crónicas-
La tarde de 1975 era fresca, invitaba a tomar una copa...
Rubén Galván Bochas sacó ostentosamente un fajo de dólares del bolsillo de su pantalón derecho de casimir inglés –estaba de moda-, luego de dejar su vaso semivacío de whisky Buchannan's en la barra.
“Que toquen otra vez la que se fue” -dijo socarronamente- mientras se asomaban tímidamente sus dientes con casquillo de oro.
En la cantina "El Pullman", ubicada en las calles Canales entre dos y tres había pocos parroquianos. En fin, la taberna no muy grande; sólo siete mesitas de centro.
Galván Bochas llevaba su décimo jaibol. Esta vez se encontraba más alegre que de costumbre. Su último "negocito" le habíaa dejado grandes ganancias y festejaba.
--Da...da..me/ ca... can...ti...ne ro/ un whis...ky.
Se oyó una voz a su lado.
“ADIOS MI’JITO”
Jaime, el cantinero, tomó un vaso grande de cristal de la barra y le sirvió la bebida. A pesar de los pocos parroquianos, el ambiente comenzó tensarse.
Casimiro Campos dio un trago largo a su whisky y dijo a su compañero de barra.
--Adiós...mi'jito.-- Sacó su pistola calibre 9 milímetros y disparó contra Rubén Galván Bochas.
Todos corrieron. Instantes después llegaron los elementos de la Policía Judicial –ahora Policía Ministerial del Estado- al mando de Juan Rincón (murió torturado por la Policía Judicial Federal en Tampico, en 1995).
--“Quién fue?-- Mascullaron los judiciales. Uno de los parroquianos sólo atinó a decir:
- ¡Fue “El Cacho”!
Instantes después acudió el agente del Ministerio Público para dar fe del cuerpo de Rubén Gálvan Bochas.
El occiso presentaba cuatro impactos de bala, todos le traspasaron el cuerpo de lado a lado.
Casimiro Espinoza Campos se entregó a la justicia. “Nunca peleaba con la policía. Era amigo nuestro. Con nosotros siempre se portó bien", dijeron los viejos sabuesos de la Judicial y Preventiva.
La defensa de "El Cacho" estuvo a cargo del licenciado Agapito González Cavazos (posteriormente Fiscal Federal en México y ahora abogado litigante). Logró demostrar mediante pruebas y testimonios que fue en defensa propia.
“Los balazos fueron frente a frente: ¡como los hombres!, el médico legista siempre cayó en contradicciones. Las declaraciones de los supuestos testigos coincidían: “El Cacho" disparó para salvar su vida”.
El forense terminó por decir que estaba muy nervioso, que hubo muchas fallas en la autopsia, porque no tenía el suficiente material de laboratorio que debería entregarle la Procuraduría General de Justicia en Tamaulipas.
Un mundo de dinero fue a parar ­por las buenas o por las malas! al Ministerio Público. Fiscales adscritos, jueces, testigos para que actuaran conforme a derecho.
Finalmente, el licenciado Roberto Mata Quintero (expresidente de la Barra de Abogados y ahora abogado litigante), quien ya para concluir las indagaciones se hizo cargo de la defensa de “El Cacho”, lo logró: Casimiro Espinoza Campos, alias “El Cacho” queda en libertad porque actuó en legitima defensa.
SU DIOSA FORTUNA, LA DROGA.
“El Cacho” tenía a Matamoros en un puño. Cuando quería lo hacía temblar y también cuando deseaba, le entregaba lo más dulce... la tranquilidad.
Entre otras cosas, a Casimiro Espinosa "El Cacho" le gustaba en extremo que le dijeran: LICENCIADO. Siempre fue su máxima ilusión, a pesar de que solamente cursó hasta el primer grado la secundaria y luego lo expulsaron por cada lío que armaba.
Con el transcurrir de los años, el poder lo cegó. Luego la mariguana, la cocaína y la heroína...
Mandaba matar a quien mal le caía. Cuentan los de aquellos años que en una ocasión, un hombre que llegó a su casa de aspecto venido de México para quedar bien en un negocio de mariguana, se equivocó y en vez de llamarle licenciado, le dijo ingeniero.
Como respuesta, obtuvo un balazo en la frente... El cuerpo fue encontrado por las autoridades policíacas desnudo en las aguas del río Bravo, que por supuesto “vomitaba cuerpos y cuerpos”. Siempre la autopsia indicaba, “Causa de la muerte: asfixia por inmersión. Es decir, ahogado”.
“El Cacho” organizó una fiesta íntima, sólo sus amigos y tres invitados... En el patio de su casa ubicada en Ocampo entre Dos y Tres tenían un asador.
Había una mesa con los más finos vinos. La carne estaba por asarse, mientras que los comensales bebían whisky en vasos altos de cristal cortado.
Una patrulla de la Policía Preventiva se hizo presente. “El Cacho” ofreció cena a los uniformados. Les dio 50 dólares a cada uno y éstos se retiraron.
Momentos después recordó y dio instrucciones en voz baja a sus secuaces "me lo traen ahorita"...
Lleg¢ un hombre al patio de su casa, seguido por tres más quienes lo amagaban con pistolas calibre 9 milímetros. La mano de “El Cacho” levantada fue suficiente.
Casimiro sacó su pistola 9 milímetros, niquelada, con incrustaciones de brillantes y le apuntó al desconocido:
-“Tú me la debes”.
El hombre comenzó a sudar, al ver el cañón de la pistola en su cabeza.
-No me mates “Cachito”. Yo soy tu amigo.
-Conque mi amigo-. "El Cacho le metió cinco balazos en el cuerpo. El hombre quedó tirado bañado en sangre junto al asador de carne.
Casimiro Campos, con mirada vidriosa, dijo a sus amigos: -“ahora sí. A comer se ha dicho”.
Los invitados comieron y bebieron gran cantidad de whisky. No se podían retirar, pues tenían miedo de correr la misma suerte que el desconocido. La policía no quiso enterarse del homicidio.
Media hora después los ayudantes de “El Cacho” se llevaron el cuerpo para ser arrojado al río.
­"El Cacho" enloquecía!
Oscar López Olivares, de profesión maestro, también piloto aviador y dedicado al tráfico de drogas fue testigo protegido de EU y ahora desconoce su paradero-, recibió un llamado telefónico en su casa.
--“Mi..mira...mi'jito. Necesito que me des 50 mil do...dól…ares.
--“Pues, qué‚ te pasa Cacho” -respondió-.
-Ya te di..dije...mi'jito... Tienes 48 ho..horas pa-ra jun..juntarlo. Yo voy a tu casa por ellos.
-“Estás loco”-gritó fuera de sí "El Profe".
-Sólo...48 ho..horas. ­click!-
LA DISPUTA
El sol se asomaba tímidamente por entre las nubes de la mañana del 15 de mayo de 1984.
Un clima cálido y tranquilo. El reloj marcaba las seis con 45 minutos de la mañana.
"El Profe" tomó el teléfono y llamó a Radio-Patrullas.
-Mira, habla Oscar L¢pez Olivares y necesito una patrulla, aquí en mi casa. Tenía siete amigos que desayunaban a su lado. Sus nombres, los archivos no los registran.
-Cómo no, profesor. Así se hará –respondió el oficial-.
No hubo más diálogo.
Héctor Maydón Mier, vía radio-comunicación ordenó a la patrulla No.40:
“Vayan a Palito Blanco de la colonia San Francisco, por allí está el profesor López Olivares, por allí los requiere".
El Policía Fidel Zavala Palomino (luego comandante en Tránsito Local, hasta que finalmente se retiró de la ciudad) y su auxiliar Esteban Contreras (se desconoce su paradero), acudieron al llamado.
“Yo manejaba tranquilamente -dijo el ahora agente vial Zavala Palomino-. Eran casi las siete de la mañana y estábamos por salir de turno".
“Conducía, como dije, tranquilamente, cuando por las calles la gente comenzaba a señalarnos ‘más adelante’. No hice ningún caso y conducía normalmente”.
“Estaba chocado un carro marca Chevrolet color café‚ y vinil del tono mencionado, contra un árbol en las calles Paseo de la Reforma entre 16 y 18 de la colonia San Francisco.
Me paré‚ por un lado del carro, cuando vi que una persona se deslizó rápidamente al asiento trasero de la patrulla. Inmediatamente lo reconocí.
-“¿Qué‚ te pasó, Cacho?
-Me hirió "El Profe" Oscar López.
-“Por qué”?
--No sé‚… Me in..vitó a to...tomar ca..fé‚ y me reci..recibió a ti...tiros.
En eso se sacó una pistola escuadra muy bonita y me la dio, diciéndome:
"Ten... clava..cl vala."
De allí me lo llevé‚ al Hospital General. Creo ahora que fui un pendejo, porque cerca estaba la clínica San Francisco, pero como uno estaba impuesto al Hospital General, pues me lo llevé‚ para allá.
Siempre en el camino, insistió: fue "El Profe". Me chin...chingó. “El Cacho” no se veía mal. Es más, ni siquiera se quejaba. A lo mejor estaba drogado o algo. O era muy hombre, porque estaba como si nada –narraba Zavala-.
“Luego llegamos al Hospital. Me bajé‚ rápidamente para buscar una camilla, pero “El Cacho” ingresó por su propio pie. Allí lo atendieron.
La pistola se la entregué‚ al secretario del subinspector de la policía Ernesto Danche Cantú, (Posteriormente fue Comandante de la Policía Judicial del Estado pero esta retirado del trabajo). El nombre del secretario no me acuerdo, pero el Comandante era Rolando López Azócar (acribillado a balazos en 1987) y el Director Salvador del Toro Rosales "El Fiscal de Hierro, que acabo con la mafia de los Pruneda en Nuevo Laredo, ahora se desconoce su paradero).
Elementos de la Policía Judicial del Estado y Preventiva rodearon la casa del profesor Oscar López. Todo era tensión. “El Profe” también daba dinero a las autoridades.
El Agente del Ministerio Público Jorge Valdez Zayas (luego Magistrado Cuarto del Supremo Tribunal de Justicia y ahora retirado del trabajo), llegó a la casa de “El Profe”.
Valdez Zayas, hasta ahora, se ha negado a hablar sobre el escabroso asunto.
El Fiscal, con ayuda del secretario Sergio Guerra (continúa en sus funciones y se niega a hablar porque ya se olvidó), interrogaron al profesor López Olivares.
Los siete desconocidos permanecieron a la expectativa. “era gente de la mafia, según dijo la voz del pueblo”.
LOS SIETE MISTERIOSOS
Oscar López declaró que “El Cacho” fue a su casa a matarlo.
“Yo me defendí. Iba a abrir la puerta y me disparó. Me brinqué‚ los muebles y disparé‚ mi ametralladora Thompson.
De ese lugar disparé‚ sobre la puerta. No sé‚ si le pegué‚ a “El Cacho”. Pero él quiso matarme.
El Fiscal salió de la casa. Nunca se mencionó, ni en las declaraciones, la presencia de los siete hombres.
Valdez Zayas ordenó al subjefe de la Judicial del Estado, Estanislao Gaytán Ibarra (judicial en Valle Hermoso 10 años después fue cesado), detengan a "El Profe".
Jamás se cumplieron esas órdenes.
Años después, diríaa Jorge Valdez, no se atrevió a la detención de “El Profe” porque la Judicial y Preventiva estaban al servicio de ambos capos.
Antes de que operaran a “El Cacho”, el Fiscal pudo declararlo: “El Profe” me mandó lla..mar pa..ra aal...mor..zar y luego me re..recibió a bala..balazos.. no me iba a de..de..dejar que me ma..ma..matara.
Me subí al carro y me fui de reversa por..porque me em..emboscaron”.
Acto seguido, el doctor Othoniel Padrón procede a operarlo. El proyectil había dañado el pulmón derecho y parte del hígado y la bala salió por la espalda a la altura de la cintura.
Aparentemente, el que disparó fue Enrique Ortiz Castillo lugarteniente de “El Profe” y lo hizo desde el techo de la casa, pero le tiró con miedo -eso dijeron los conocedores de casos de homicidio-.
Agentes de la Dirección Federal de Seguridad--DFS--, mientras tanto, rodeaban también la casa de "El Profe" e incluso varios de ellos estuvieron dentro de la casa. Vigilaban a los “siete misteriorsos”.
“El Cacho” necesitaba sangre. Oscar Humberto Garza Saldaña, alias "El Papo", llega sumamente angustiado y posiblemente bajo los efectos de alguna droga. Grita.
--"Yo le doy sangre a mi jefecito. Yo se la doy toda. Agarren la que quieran. Yo doy mi vida, pero que no le pase nada –ahora un hombre tranquilo y trabajador, su padre le deó herencia-.
Varios policías preventivos ya habían donado sangre y “El Papo”, desesperado, golpea al recepcionista Jesús González Flores con un cuchillo.
“El Papo” fue detenido y llevado a la policíaa preventiva.
Era de noche y el subinspector de policía Ernesto Danache, ordena que la vigilancia en la casa de “El Profe” se vaya. De esa manera Oscar López Olivares huye con su lugar teniente a Brownsville, Texas.
Posteriormente, "El Cacho" es llevado a la clínica Raya, pues estaba frente a su casa y en su barrio. Con su gente.
El escenario quedó listo... “Los Siete Misteriosos”, lo prepararon: Sangre. Mucha sangre... Matamoros se volvía a escuchar allende las fronteras.
30 de Octubre de 1996

3 comentarios:

pajaricua dijo...

un viejo amigo de la familia es bueno recordar de el

ArturoXXX dijo...

Eljefe de jefes el gran señor el licensiado Cacho Espinoza

ArturoXXX dijo...

Eljefe de jefes el gran señor el licensiado Cacho Espinoza